James Taylor y Carole King: Canciones sobre el género humano (9/6/10)

Treinta y tres años después de actuar juntos en el club Troubadour, Carole King y James Taylor volvieron a compartir ese escenario en un concierto que ahora acaba de editarse en audio y vídeo. Javier Márquez Sánchez nos introduce en la historia de esta pareja.

Los años sesenta acogieron en Estados Unidos la eclosión de lo que en España se catalogaría más adelante como canción protesta. Herederos directos de la canción folk que abanderaban Pete Seeger y Woody Guthier, la mayoría de los cantautores del momento apostaron por una actitud crítica y beligerante, con un joven Bob Dylan como gran gurú, ante una sociedad de maltrechos valores que se desmoronaba a su alrededor. El prometido sueño americano no se sostenía por ningún lado. La guerra de Vietnam causaba estragos en las familias más humildes, la lucha por los derechos de los afroamericanos llenaba de gente las calles y hacía arder ciudades, y los estudiantes se revolvían contra todo esto exigiendo heredar un mundo libre de fantasmas del pasado para poder crear una nueva realidad a su medida.

Los cantautores y algunas bandas esgrimían sus guitarras y sus voces contra los reaccionarios, los poderosos, los que no permitían que aquel verano de las flores de 1967 en California se extendiese a todo el país con su mensaje ingenuo e inocente y sus flores en el pelo.

Pero ese movimiento musical revolucionario fue silenciándose poco a poco, y las grandes canciones reivindicativas acabaron cambiando su forma por nuevos estilos y sonidos, con solos de guitarra eléctrica que transmitían tanta rabia y repulsa como el más elaborado de los textos. De este modo, los cantautores también fueron cambiando el tono. Comenzó a surgir una nueva generación que ponía de manifiesto la madurez de aquellos veinteañeros que querían cambiar el mundo. Ahora, treinteañeros ya que habían dejado atrás la universidad y tenían que afrontar las responsabilidades del mundo adulto, centraban su obra en el mundo interno más que en el externo, los sentimientos y las relaciones personales más que en las circunstancias que los rodean.

No hay que pasar por alto que es en aquellos años setenta cuando la familia feliz americana afronta un fenómeno, que si bien no era nuevo sí que se impuso con más contundencia que nunca: el divorcio. Y si Dylan había sido el gran referente de la canción protesta, James Taylor se convirtió en el representante más genuino de aquellos cantautores “sentimentales”.

La de Taylor es una obra introspectiva de tono amable a pesar de sus cuartos oscuros –que los tiene–, salpicada de muchos episodios personales, con un estilo musical que comenzó asentado en el folk, country y soft-rock para ir evolucionando progresivamente hacia creaciones más complejas, marcadas por arreglos de jazz y blues. Nacido en 1948, James Taylor entró en el mundo de la música con unos padrinos de excepción, nada menos que los Beatles. Cuentan que fue Paul McCartney el que escuchó algunas maquetas que el joven bostoniano envió al sello Apple, fundado por los de Liverpool, y quedó encantado con el material. Así, en 1968 salía al mercado el disco “James Taylor”, con temas llamados a convertirse en clásicos, como ‘Something in the way she moves’ o ‘Caroline in my mind’, y que llegó a contar, como bajista de excepción, con el propio McCartney. Además, George Harrison tomaría “prestado” el título de la primera de esas canciones para abrir una de sus composiciones de mayor éxito, ‘Something’.

Un poco antes del despegue de Taylor, una joven neoyorquina, nacida en 1942 y de nombre Carole Klein, comenzó a labrarse una reputación nada desdeñable como autora de canciones pop con letras que denotaban una gran sensibilidad (que no sensiblería), temas que llegaron a lo más alto de las listas en voces de gente como Roberta Flack, The Monkees o Dusty Springfield. Carole trabajaba en el legendario Brill Building con otros jóvenes compositores de la Gran Manzana, como Gerry Goffin o Neil Diamond.

Fue en 1970 cuando, rebautizada como Carole King, la chica lanzó un primer albúm, que pasó con más pena que gloria. Pero ese mismo año también llegaría a las tiendas “Tapestry”. Aquel álbum vendió millones de copias y acabaría convirtiéndose en uno de los más populares e influyentes de la década de los setenta. De este modo, Carole King se convertía no sólo en el equivalente femenino de Taylor, su mejor compañera, sino también en un referente ineludible e imprescindible dentro del negocio musical, cuya obra y esfuerzo serían fundamentales para la plena integración de las mujeres a ese sector del mundo del espectáculo. Y es que, si bien hasta el momento no habían faltado intérpretes femeninas, muy pocas habían tenido la oportunidad de demostrar también sus dotes como compositoras y como músicos, dado que King es también una notable pianista.

Era sólo cuestión de tiempo que los pasos de Carole King y James Taylor coincidiesen, y cuando eso ocurrió surgió una entrañable amistad entre ambos (enfriada tras la boda de Taylor con Carly Simon), que dio pie a una curiosa anécdota que pasó a engrosar la mitología del rock: King tenía una nueva canción que prometía ser un éxito, ‘You’ve got a friend’, y Taylor andaba en busca de una pieza con gancho con la que terminar de asentar su posición en el mercado. Así que Carole cedió la canción a su amigo para que éste se adelantase unas semanas en el lanzamiento del sencillo. Con ella, Taylor logró el mayor éxito de su carrera, y aquel año, 1971, ambos recogieron sendos premios Grammy por ese tema: a la mejor canción del año, que recibió King, y a la mejor interpretación masculina, para Taylor.

En 1974, los dos amigos y colegas compartieron escenario en una de las salas más populares de la costa Oeste, el club Troubadour, por el que dieron sus primeros pasos artísticos gente como Elton John, Tom Waits o Kris Kristofferson. Treinta y tres años después, King y Taylor volvieron a él para celebrar el medio siglo del local, ubicado en West Hollywood, California. Una reunión histórica que ha quedado registrada en el CD/DVD editado ahora por Concord/Universal bajo el título “Live at The Troubadour”.

El combo ofrece setenta y cinco minutos de música en los que ambos artistas repasan codo con codo los mayores éxitos de ambas carreras (‘So far away’, ‘Will you love me tomorrow?’, ‘You’ve got a friend’, ‘Carolina in my mind’, ‘Sweet baby James’ o ‘Fire and rain’), material seleccionado a partir de lo mejor de las seis actuaciones que King y Taylor ofrecieron, en noviembre de 2007, respaldados por su renovada banda original, The Section (Danny Kortchmar a la guitarra, Leland Sklar al bajo y Russell Kukel en la batería).

Con King al piano, y Taylor a la guitarra, el resto del acompañamiento musical resulta casi anecdótico, realizando el grupo un trabajo correcto y preciso, limitándose a cumplir sin mayores alardes, tan sutiles como las historias que narran las canciones. Un disco que se disfruta como cualquier otro trabajo de estos veteranos, con el encanto añadido de poder disfrutarlos juntos por primera vez a lo largo de todo un álbum (al menos de manera oficial). Arreglos sencillos y actuales, trabajos vocales que se adaptan bien al paso de los años, y sobre todo, una nueva prueba de que, en demasiadas ocasiones, las cosas más simples pueden resultar terriblemente placenteras.

Una oportunidad excelente para introducirse en la obra de estos dos creadores fundamentales, con cuarenta años de trayectoria en los que han tenido siempre como prioridad un marcado compromiso artístico y social. Aunque son sin duda las canciones que hablan sobre los entresijos del corazón humano las más destacadas de ambas producciones.

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