‘Neil Diamond, con Rubin hacia la redención’ (Efe Eme, 21/05/08)

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¡Que no tiemblen los cimientos de EFE EME! Sí, aquí está Neil Diamond. O el nuevo Neil Diamond, redimimo de años de macarrismo galopante y contumaz horterez por obra y gracia del gurú de las producciones para todos aquellos que nunca volverán a cumplir 60 años: El enorme Rick Rubin. Rubin, el mago que en su segunda colaboración con Diamond lo pone al día con la mínima instrumentación, sacando afuera al genio que se escondía bajo cardados imposibles. Y como tenemos memoria, hemos repasado los viejos álbumes de Neil para repescar algunas de sus joyas, que sí, agoreros, las hubo.

Texto: JAVIER MÁRQUEZ.

HOME BEFORE DARK

No era suerte, ni casualidad, ni que Rick Rubin le cogiese de la mano y guiase cada uno de sus pasos como el niño que ha olvidado andar (bueno, algo de esto último sí que hubo). Con 12 songs, Neil Diamond disfrutó hace dos años de unas críticas entusiastas que no escuchaba hacía por lo menos dos décadas. Pero aquello fue sólo un tanteo, lo bueno llega ahora.

Neil Diamond empezó su carrera a mediados de los sesenta con un rock bastante austero, amable y efectivo, que en los setenta empezó a impregnarse de cuerda y vientos. La fórmula funcionó hasta 1976. El álbum Beautiful noise, producido por Robbie –The Band– Robertson, fue una notable despedida para un cantautor de rock, pop e incluso algo de soul, que se lanzaba de cabeza a la piscina del pop más almibarado. Y se fue hundiendo.

Sus discos nunca dejaron de venderse (pero cada vez menos), y aunque de vez en cuando firmaba o grababa algún tema interesante, el común de sus álbumes durante los siguientes quince o veinte años resulta bastante prescindible. Convertido en una suerte de Julio Iglesias neoyorquino, con sus camisas de lentejuelas y peinados “made in El Puma”, el mejor Neil Diamond relucía en los conciertos, con una entrega y consistencia tal que, a pesar de sus pinchazos discográficos, sus giras se han mantenido año tras año, y a lo largo de las décadas, entre las más populares y rentables.

En los noventa intentó un poco de todo, desde los agradables aires country de Tennessee moon (1996) al disparatado Movie album, en 1998, donde cualquier rastro del autor de “Solitary man” y “Sweet Caroline” brillaba por su ausencia en un disco de intérprete al uso a base de temas cinematográficos populares. Así fue como encaró Neil Diamond la nueva década, con un disco en 2001, Three chord opera, que ya apuntaba maneras, y en el que, por primera vez, el artista se responsabilizaba de componer todos los temas. Y entonces, llegó Rick.

RICK RUBIN, EL CEREBRO

En 12 songs, el orondo productor Rick Rubin le dio un contundente puntapié a las empalagosas muletas sonoras en las que venía apoyándose Diamond desde hacía demasiado tiempo, y le obligó a encariñarse de nuevo con su guitarra. Lo sentó en el estudio y lo puso a componer como quien castiga a un niño sin cena. Y es que tal vez Rubin confiaba en el artista más que el propio Diamond.

Dos años después, la historia se repite, pero en esta ocasión se nota que el productor ya no ha tenido que vigilar al “chico”. Es evidente que, tras hacerse al cuerpo de no tener a una gran banda respaldándole, Diamond le ha cogido el gusto a eso de dejarse de florituras y dedicarse a su verdadera profesión, a esa con la que se ganaba el pan antes de llenar el Greek Theater: componer grandes canciones. Así, la principal diferencia entre este Home before dark y 12 songs es que, si aquel era un disco íntimo y parco en arreglos, éste lo es más. El álbum se abre con la doliente “If I don’t see you again”, y casi puede decirse, en términos anímicos, que de ahí, para abajo. Cada tema parece ser más emocionante que el anterior, introducirse más en el alma del artista y fundirse con algún sentimiento para tomar forma. El cantautor de 67 años, cara a cara más que nunca con sus oyentes, volcando en la partitura todo lo que lleva dentro.

Dos son los grandes temas del álbum, el amor y el oficio del creador, y ambos son abordados en la mayoría de los casos con una ambigüedad y una riqueza literaria que resulta una nueva sorpresa a estas alturas en Diamond. Un buen ejemplo es el primer sencillo, “Pretty amazing grace”, un canto de amor y gratitud que, según el oyente, puede estar dirigido a Dios o a la venerada pareja.

También esa canción es una excelente referencia del notable trabajo de Diamond a la hora de crear unas melodías pegadizas que escapan a los cánones básicos de cualquier canción pop. De hecho, el disco no tiene ninguna canción que destaque sobre otra. Aquí no hay ningún “I’m a beliver” ni “Love on the rocks”. El primer single ha sido el citado como pudo ser cualquier otro, y sin embargo, cada cual tiene su propio espíritu que lo diferencia por completo del siguiente. Tal vez la canción que más destaque del resto sea “Another day (That time forgot)”, donde el cantante se marca un brillante dúo con la Dixie Chicks Natalie Maines que ya querría para ella Mrs. Streisand.

Como en el anterior álbum, las guitarras vuelven a ser el corazón de estas canciones, para lo que Rubin volvió a recurrir a Mike Campbell, Smokey Hormel y Matt Sweeney, que arropan cuando procede a la guitarra principal de Diamond. El teclista Benmont Tench es el otro músico presente en estas grabaciones, en las que a falta de batería, David Campbell se hizo cargo de introducir en determinados cortes unos suaves y casi fantasmales arreglos de cuerda. Es posible que algunas de las composiciones, como “Forgotten” o “One more bite of the apple”, de haber contado una instrumentación más evidente, funcionasen a otro nivel, con más color y gancho, pero está claro que no era ése el horizonte hacia el que miraba Diamond cuando les dio forma.

Home before dark se edita en dos versiones. Una sencilla, con doce cortes, cerrando con la canción que da título al conjunto y que da la sensación de ser la gran conclusión, el final del aprendizaje, el tema que reúne, tanto en el texto, como en la melodía, como en la instrumentación, la síntesis de este nuevo Diamond que ahora disfrutamos; y otra “Deluxe”, que es la que hay que tener. En este caso, el CD incluye dos cortes más en la misma línea, a los que se añade un DVD con cuatro vídeos. Tres de ellos son temas del disco, mientras que el cuarto es la gran joya: Mr. Diamond entonando una de las mejores versiones que se han hecho de “The boxer”, de Paul Simon, cuya temática viene como anillo al dedo al espíritu conceptual del conjunto.

Un disco para degustar despacio, en silencio y soledad a ser posible, y varias veces. Que vaya calando. Y cuando se ha hecho, inevitablemente, uno se queda con la incertidumbre de saber qué deparará esta progresión de Neil Diamond en un tercer trabajo junto a Rubin (porque tiene que haberlo).

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LO MEJOR DE DIAMOND EN SEIS DIRECTOS Y DOS COFRES

Los directos

Gold. Live at the Troubadour (1970)
Los primeros éxitos de este joven artista en formato acústico y con un público entregado. Se hace demasiado corto, pero no pasa nada, se pincha otra vez y listo.

Hot august night (1972)
Uno de los mejores discos en directo de la historia del rock. Si hay quien siga alimentando una repulsa visceral hacia Neil Diamond, que se entregue a la audición de este álbum (recientemente reeditado en dos compactos con el espectáculo completo).

Live at the Greek (1977)
Poco después del “pelotazo” de Juan Salvador Gaviota, el cantante sigue en su etapa más espiritual. La suite creada a partir de las mejores canciones de la película es una buena muestra de la pasión con la que el artista afrontaba cada interpretación. Es una pena que algunos cortes, como “Song song blue”, se retocasen tanto en el estudio. Emocionante “I am… I said” e impagable “I’ve been this way befote”.

Hot august night II (1987)
25 años después de aquel histórico directo, Diamond vuelve a intentarlo, pero los años son los años. Para empezar, las fotos de la carpeta, con esa camisa plateada con chorreras, no le hacen ninguna justicia. Actualiza viejos temas y repasa los más recientes. Muy por encima de los trabajos de estudio de aquellos años.

Neil Diamond greatest hits live (1988)
Diamond en Las Vegas, empapado de cultura ochentera tanto en la puesta en escena como en los arreglos. Lo mejor, su reversión de los Beatles con “Golden slumbers/Carry That weight/The end”.

Live in America (1994)
En los 90, la leyenda de Diamond como animal de carretera estaba ya bien probada. A comienzos de la década se pasó más de tres años seguidos de gira por EEUU sin que quedara un asiento libre en ningún aforo. El directo, un álbum doble, toma canciones de aquí y de allá, con el lastre que supone la falta de conexión entre ellas y, por tanto, la ausencia de un auténtico sabor a álbum en directo; más bien, un muestrario. Sin embargo, merece la pena por los nuevos arreglos de algunos temas. Con el paso de los años, el cariño por el soul y el gospel del principio vuelve a aflorar.

Los cofres

Play me: The complete Uni Studio recordings plus! (1968-1972)
Asequible caja que compila todos los álbumes grabados por el artista para la MCA (donde repasó los éxitos que grabó para Bang), incluyendo el directo de 1970 Gold. Live at the Trouvadour. Después de estos años hizo grandes discos, pero aquí, sin duda, está lo mejor de lo mejor.

Stages (2003)
Para complementar la caja de la Uni, nada mejor que este reciente cofre, un homenaje al Diamond “correcaminos”, con cinco CDs y un DVD que repasan diversos aspectos del artista en su mejor ambiente: el escenario. Dos de los compactos recogen un concierto íntegro de Neil en Las Vegas, en 2002; otros dos ofrecen piezas en directo desde comienzos de los setenta hasta el nuevo milenio que, por lo general, no suelen integrar los set-list habituales del cantante. El quinto compacto es una selección de canciones navideñas igualmente en vivo. Todo eso se complementa con un DVD que presenta un directo en Dublín y un breve documental sobre el artista en gira.

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