Recortes de prensa

Aquí encontrarás una selección de las apariciones en prensa, radio y televisión del autor y sus obras.

‘La fiesta de Orfeo’, comentarios a la edición alemana

“Un placer de leer”.
Alf Mayer, Die ZEIT

“Horror gótico maravillosamente nostálgico…”
Karoline Laarmann, WDR 1LIVE

“En su primera novela, La fiesta de Orfeo, Javier Márquez Sánchez rinde homenaje a la productora de los años 50 Hammer Films (…) Mecla con mucho acierto ficción y hechos reales y hace que resulte muy divertido (…) Para la versión alemana la editorial ha apostado por una edición muy bonita”.
Tim Caspar Boehme, taz.de

“Una maravilla de presentación, muy entretenida y sobre todo una historia emocionante. Ningún aficionado al misterio se la debería perder”.
Zuckerkick

“Una historia que pone la piel de gallina y que recuperar el terror de antaño”.
Myron Bünnagel, Mordlust

‘La fiesta de Orfeo’, libro del mes en el diario Sonntags Zeitung (11/12/11)


‘Rat Pack’ en No Solo Smooth Jazz (11/02/11)

El libro que hoy recomendamos, “Rat Pack: Viviendo A Su Manera”, escrito por el autor español Javier Márquez, fue publicado en su primera edición por la Editorial Almuzara en el año 2.006. Si mal no recuerdo, dos años después de su publicación, se lanzó una edición de bolsillo, teniendo el mismo éxito y la misma buena acogida por crítica y público. En la primera edición fechada en el mes de Octubre de 2.006, del prólogo de la misma se encargaba el rockero José María Sanz, “Loquillo”. Es sin duda una fortuna contar con la aportación literaria de Javier Márquez dentro de un género de libros que por desgracia no abundan en lengua española o al menos se traducen muy pocos al castellano. Sí tenemos que decir, que por supuesto hay numerosas biografías y libros sobre música y géneros musicales, pero desafortunadamente no son fáciles de encontrar en lengua española. De hecho, hace unos meses estuve buscando una biografía de Dean Martin -protagonista en primera persona del libro que hoy hablamos- y me fue imposible encontrarla en castellano. Con lo cual, es muy bien recibida esta biografía “sui generis” de esa pandilla de “sinverguenzas” mudialmente conocida como The Rat Pack.

El libro en si no es una auténtica biografía del grupo de amigos capitaneados por Frank Sinatra, pero lo que si encontraremos en “Rat Pack: Viviendo A Su Manera”, es el relato de una serie de capitulos de la vida de los componentes de este peculiar grupo de amigos, que sin duda alguna nos trasladarán a la época dorada de Las Vegas donde Frank Sinatra y su “grupo de ratas” tenían un papel importante dentro del show business. Al mismo tiempo, “Rat Pack: Viviendo A Su Manera” profundiza en las relaciones de Sinatra y sus amigos con el Presidente JFK, la mafia y las numerosas juergas celebradas en Las Vegas, el cuartel general del Rat Pack. Curiosamente, el libro en su primer capitulo arranca con la preparación por parte de Frank Sinatra, Sammy Davis Jr y Dean Martin de lo que sería su última gira en directo de la década de los 80´s y que llevaba por nombre “The Together Again Tour” (La gira del reencuentro).

A lo largo de los trece capitulos de los que se compone “Rat Pack: Viviendo A Su Manera”, el lector podrá disfrutar de las divertidas correrias de los miembros del Rat Pack, entre los que también se incluyen personajes tan conocidos como Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Judy Garland, Jack Entratter, David Niven y Michael Romanoff. Ellos también eran miembros de pleno derecho del Rat Pack. Estamos seguros que el lector lo pasará en grande a lo largo de las 285 páginas que componen el libro. Además el libro incluye numerosas fotografías que sin duda hacen más interesante el presente volumen. El libro finaliza con una pormenorizada bibliografía, notas de discos, páginas web, apartado audiovisual y grabaciones de audio y vídeo no oficiales. A estos apartados tan interesantes hay que añadir la discografía y filmografía  completa y ordenada de forma cronológica de Frank Sinatra, Sammy Davis Jr y Dean Martin como artistas individuales y la del Rat Pack como grupo.

Desde estas páginas queremos felicitar al autor del libro, Javier Márquez por este excelente volumen, animándole a publicar una segunda parte. La historia y sus personajes merecen la pena. ¡Muchas felicidades, Javier!

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‘El mapa de Carlos’ en Diario de Sevilla (27/01/11)

El mapa de Carlos, desde Granada hasta Nueva York

Un documental repasa las ciudades más destacadas en la biografía de Carlos Cano, una geografía sentimental que también pasa por Sevilla, Cádiz y La Habana

Braulio Ortiz / Sevilla

El productor y coguionista de este filme, José Manuel Rodríguez Calvo, cuenta que fue el escritor y crítico musical Javier Márquez quien le empezó a hablar del otro Carlos Cano, ése que va más allá de “las canciones con las que se le asocia, como María la portuguesa“. La historia de un hombre que se encontró por casualidad una bandera de Andalucía, prohibida entonces por el régimen de Franco, y que gracias a ese hallazgo acabó regalando a su tierra el himno “no oficial” de los andaluces, Verde, blanca y verde; también la peripecia de un músico que reivindicó la copla cuando el género despertaba recelos entre sus compañeros de generación, o la sensibilidad de un compositor que se preocupaba por los desfavorecidos y la realidad social, y que habló en sus temas de xenofobia o inmigración.

El documental El mapa de Carlos, dirigido por Pablo Coca, muestra una cara “diferente” de Carlos Cano, a través de un repaso a las ciudades que conformaron la cartografía sentimental del cantautor granadino. La película, que se ha presentado esta semana en Sevilla y tiene pendientes pases en Cádiz y Granada antes de su emisión en Canal Sur, se acerca a la figura del intérprete a través de una serie de testimonios, entre los que destaca una de las últimas entrevistas realizadas al desaparecido Enrique Morente.

En el mapa que recorre la cinta -producida por Azhar Media y Enciende TV en coproducción con Canal Sur- están marcadas las cinco ciudades principales en la vida de Cano: Granada, Sevilla, Cádiz, Nueva York y La Habana. Granada, recuerda Rodríguez Calvo, fue la ciudad natal del cantautor, un lugar del que decía que “sólo tenía salida por las estrellas” y hacia el que sentía “una relación de amor-odio”; de joven “necesitó salir de aquel ambiente”, aunque más tarde comprendiera que “tenía que volver”. Sevilla, como apuntaba Diego de los Santos, fue “el gran reto” de su carrera, una capital “que se le resistía y que necesitaba conquistar”, opina el productor. Cano lograría superar ese desafío con un recordado concierto en el Teatro de la Maestranza. Cádiz, entretanto, le aportaba “la salida al mar” y allí siempre “se sentía muy vivo”. Y el carnaval le enseñó una lección, que “se pueden cantar amarguras con una sonrisa”, apunta Rodríguez Calvo, que prosigue el recorrido añadiendo que “gracias a Carlos Cano se sabe que La Habana es Cádiz con más negritos”, para el intérprete “su segunda Andalucía”, un destino “al que acudía mucho y en el que acometió proyectos preciosos, como dotar de infraestructuras las escuelas y grabar Así cantan los niños en Cuba, un disco que le dio muchas satisfacciones”. Y en Nueva York, Cano “volvió a nacer” y tuvo “una nueva oportunidad en la vida”. Valentín Fuster, el cardiólogo que le operó, decía de él, por la sintonía que tuvo con la Gran Manzana, que era “muy buen neoyorquino”.

Aparición en Días de cine (21/01/11)

Colaboración en el destacado programa de La2 de TVE Días de cine, emitido la madrugada del viernes 21 de enero de 2011, dentro de la sección ‘Mi secuencia favorita’. En este caso la elegida fue la que abre la película Fat City (1972), de John Huston.

Entrevista en Efe Eme (5/12/10)

Javier Márquez Sánchez es periodista y escritor, ha trabajado en Madrid, San Sebastián y Sevilla para diversos medios (“Diario de Andalucía”, “Diario de Sevilla”, Cadena Ser o la productora Espacio de Información General). También ha colaborado en radio, produciendo y dirigiendo programas de música, cine e historia en varias emisoras regionales. Actualmente es subdirector de la revista “Cambio 16?, y subdirector cultural de las cabeceras del grupo EIG Multimedia. Colabora habitualmente en revistas como “Esquire”, “La Aventura de la Historia”, “Cuadernos para el Diálogo”, “Interfilms” o , cómo no, EFE EME, donde para desde hace años. Entre sus libros musicales, destacan “Rat Pack. Viviendo a su manera” (Almuzara, 2006) y “Elvis. Corazón solitario” (Almuzara, 2007), ambos editados en diversos países. En 2009 publicó su primera novela, la muy recomendable “La fiesta de Orfeo” (Almuzara); anda preparando la segunda.

Fecha y lugar de nacimiento.
El 3 de octubre de 1978, en Sevilla.

¿Qué música sonaba en tu casa cuando eras niño?
De todo. Creo que a eso le debo que le haga ascos a muy pocos géneros. Cualquier día, sobre todo los fines de semana por las mañanas, en el salón de mi casa podías escuchar desde Serrat y los Beatles a Rocío Jurado y Ella Fitzgerald, pasando por Mocedades y Kenny Rogers, Elvis y los Brincos, Johnny Cash y Mozart, Camarón y Antonio Aguilar. En casa de mis padres nunca faltaban discos ni libros, y como tuve la suerte de no tropezarme con ningún abismo generacional, siempre he disfrutado con los discos y los libros que yo me compraba tanto como con los que se compraban ellos.

¿Cuál fue el primer disco que compraste?
De niño mi gran pasión era el cine, y mis primeros discos eran todos, sin excepción, bandas sonoras. En este sentido podríamos decir que la transición fue muy natural. Una noche pusieron en la tele “El graduado”. Yo debía rondar los catorce. Al día siguiente fui flechado al centro y me compré, en una oferta de 2×1 en Sevilla Rock, los vinilos de la banda sonora de Simon & Garfunkel (1968) y el último álbum de la pareja, el “Bridge over troubled water” (1970), del que no tenía ni idea, lo escogí por la portada. Además, en la librería que había al lado me pillé un cancionero del dúo. Aquella noche, escuchando el “Bridge…” en casa, con las letras por delante, quedé perdidamente enamorado de la música [el próximo martes, en EFE EME, Javier Márquez escribe largo y tendido sobre este disco de Simon & Garfunkel].

¿Y el último?
El cofre “New York” (2009), de Sinatra, con varios directos en audio y uno en DVD. No está mal, pero la caja de conciertos de Las Vegas era más equilibrada y con más momentos entrañables. Sinatra fue una gran estrella en todo el mundo, pero sólo en Las Vegas se sentía y se comportaba como en casa.

Selecciona tres discos internacionales esenciales de tu colección.
Uf, ¿y por qué no los diez o los veinte esenciales? Esto se me da fatal. En fin, digamos que… “Hot august night” (1972), de Neil Diamond, porque para mí no hay ningún disco de estudio que me transmita tanto como un buen directo, y no hay ningún directo que me enganche tanto como éste. “Kristofferson” (1969), el primer álbum del susodicho, porque si a Hemingway y Faulkner les hubiese dado por componer canciones, en plan Jerry Leiber y Mike Stoller, habrían firmado letras muy parecidas. Y ‘Ella and Louis’ (1956), porque no hay día malo que un dueto entre Fitzgerald y Armstrong no pueda remontar, y si el tema lo firma Cole Porter, mejor que mejor.

Selecciona tres discos nacionales esenciales de esa misma colección.
“Dedicado a Antonio Machado, poeta” (1969), de Joan Manuel Serrat, que escuché mil veces de niño en un casete grabado que tenía mi padre; “Fantasía occidental” (1988), el primer disco de Silvio y Sacramento, porque nunca nadie antes ni después ha combinado de tal forma tradición e innovación; “Lo mejor de Enrique Urquijo y Los Problemas” (2001, que selecciona lo más destacado de los dos trabajos de esta formación), porque habría que echar mano de Camarón para encontrar un disco tan doliente en español, y creo que ni él llegó a tanto.

Un disco doble al que no le sobra nada.
Me alejaré de “los de siempre” para citar “Sinatra at the Sands”, con la orquesta de Basie dando caña, Quincy Jones al frente del destacamento y el “Viejo Ojos Azules” en verdadero estado de gracia en el mejor escenario que tuvo nunca. A ese disco no le sobra ni el ruido de los vasos y cubiertos del público. Si vas a pincharlo ponte traje oscuro, porque al cerrar los ojos te verás transportado a Las Vegas de 1966.

Un grupo o cantante a quien rescatarías del olvido.
A Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Entre los profesionales del gremio son la bomba, pero si sales a la calle y preguntas a cualquier aficionado musical, no los conoce ni Dios. Y no sabe Dios lo que se pierde.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
Uno de la gira “El gusto es nuestro”, con Serrat, Ríos, Víctor y Ana. Fue genial. No obstante, mi primer concierto “auténtico”, ese primero que te marca de verdad, fue uno de Paul Simon en París, al que acudí con unos amigos, todos sin un duro. Viajamos en autobús y tren, dormimos en la calle, comimos en plan tortilla y filetes empanados de mamá… Pero acabamos asistiendo a un pase privado, hablando con él y saliendo en el DVD que se editó del evento. Lo que se llama una experiencia iniciática.

¿Y el mejor concierto que has visto?
Eso sí que es imposible decirlo. Soy mitómano y encima romántico (es decir, un desastre de crítico). Pero sí que puedo citar los dos que más me han impactado. Elliott Murphy en la sala El Sol de Madrid (si no recuerdo mal). Iba sin banda, sólo con su fiel escudero, Olivier Durand, y jamás pensé que alguien pudiese destilar tanta energía en escena. Es como llevarte a Springsteen y la E Street Band al salón de tu casa. Me fascinó. El otro fue el de Simon & Garfunkel en Roma, en la gira del reencuentro en 2004, ante el Coliseo, con casi un millón de personas coreando cada canción de la pareja que nadie pensaba que volvería a ver cantar junta. Aquella noche sí que hubo creyentes alrededor del Vaticano.

Elige y razona tu elección:

Serrat/Aute.
Aute me parece un artista acojonante, único en su especie, con una sensibilidad y un sentido del humor que te desarman. Pero Serrat es Serrat, es como ese tío al que nunca visitas pero que sabes que es de la familia. Incluso sus peores discos tienen siempre algo que te hace estremecer. Además, es un indicador que nunca me falla: si me presentan a alguien que refunfuña de Serrat ya sé que lo nuestro no llegará lejos.

Sabina/Calamaro.
Los dos se traen el mismo juego de personajes, reinvenciones e imitaciones, y creo que los dos andan igual de desatinados últimamente. Pero como Sabina tiene entre sus principales referentes a José Alfredo Jiménez, con eso me tiene en el anzuelo por más que intente escaparme.

Nacha Pop/Los Planetas.
Nacha Pop, porque sus letras, sus ritmos, su actitud… todo me convence más.

Nacho Vegas/Quique González.
Creo que me quedo con Nacho Vegas, me lo creo un poco más, me resulta más cercano.

La Mala/La Bien Querida.
Pues ni frío ni calor, francamente.

Jacques Brel/Serge Gainsbourg.
Gainsbourg es más pop, más sofisticado, más innovador. Pero Brel me hace llorar, y ante eso me quedo sin argumentos.

Frank Sinatra/Elvis Presley.
Sinatra siempre, Elvis forever. Sinatra en la Capitol era magia, y tiene discos en Reprise que son pura diversión. De Elvis dame lo que sea a partir de 1968 y babeo como el perro de Pavlov; puro soul, puro blues, puro country. Ese Elvis me enternece, el rockero de los cincuenta me cae antipático.

Marvin Gaye/Bruce Springsteen.
Los directos de Gaye son muy poderosos, pero la carrera de Springsteen me resulta mucho más estimulante, sus diversas etapas y estilos, altibajos incluidos. Además, he visto conciertos impresionantes, pero como los suyos, jamás. Para mí representa la quintaesencia del rock.

Tom Waits/Lou Reed.
Me quedo sin argumentos. Creo que son dos caras de monedas diferentes. Los dos tienen cosas que me fascinan y otras que no soporto.

Michael Jackson/Prince.
Jackson, sin duda. Prince nunca me ha convencido, en cambio Michael Jackson tiene discos enteros y temas concretos que son fundamentales para entender una época.

The Rolling Stones/The Velvet Underground.
La Velvet es interesante, pero me parece demasiado elitista, por el contrario, los Stones, con sus altibajos, son una banda que vende rock y ofrece rock. Puro y duro. Siempre que alguien me ha dicho que no le gustan los Stones jamás ha dado un argumento musical.

Bob Dylan/John Lennon.
No es comparable, no hubo tiempo. Lennon hizo cosas que me gustan, aunque no llegan a volverme loco. Dylan tiene discos que me hacen bostezar pero demasiados que reviso una y otra y otra vez.

Neil Young/Elvis Costello.
Neil Young, sin duda. Creo que esta comparación está desequilibrada. Hablamos de dos ligas diferentes.

Youssou N’Dour/Fela Kuti.
Me quedo con la tercera opción: Ladysmith Black Mambazo.

¿Por qué decidiste dedicarte a la crítica musical?
Me gustaba escribir y me gustaba la música… ¿La verdad? Por supervivencia. En el año 2001, me fui a Madrid para trabajar la sección de cultura de la revista “Cambio 16?. Allí andaba de acá para allá sin llegar a ubicarme en condiciones. Un día vi que amontonaban en una mesa los paquetes de los discos. Me explicaron que el compañero que llevaba la sección de música se había marchado (o lo habían echado, francamente no lo recuerdo), así que me presenté ante el director para convencerlo de que me dejara el puesto.

¿Quién fue tu maestro periodístico?
Pues, con franqueza, no sabría a quien citar, ninguno me ha dejado huella, con excepción, claro, de Lemmon y Matthau en ‘Primera plana’ (1974).

Un equipo de fútbol.
Cualquiera que no juegue hoy.

Un político.
José Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda (Sevilla) desde hace 28 años. Por el simple hecho de seguir ahí, resistiendo, sin perder el apoyo de sus vecinos, y reventando el bipartidismo habitual.

Una ciudad para vivir.
Para lo sábados por la noche, Madrid. Para los domingos por la mañana, Sevilla. El resto de la semana, depende de la canción.

El disco que detestas y que despierta alabanzas entre tus compañeros.
Cualquiera de U2. ¿Cuál es el mejor? Pues ése.

¿Vinilo, CD o mp3?
Me gusta escuchar música en cualquier formato pero sólo me gusta tener música en uno, en vinilo. Es el único soporte realmente artístico, el único que añade algo a la obra, el único que me hace disfrutar más de la música que contiene. Además, sólo el vinilo materializa el amor por la música, porque exige un cuidado y una ceremonia. En vinilo, disco y funda, la música es la misma, pero no es igual. Es el mojo picón de un buen chuletón a la brasa, la gota de angostura en el martini.

La película que nunca te cansas de volver a ver.
Hay tres de las que ya he perdido la cuenta: “Casablanca” (1942), de Michael Curtiz, “El Dorado” (1966), de Howard Hakws y “Uno de los nuestros” (1990), de Martin Scorsese.

El libro que nunca te cansas de releer.
No soy de releer novelas aunque sí relatos. La mayoría de los de Hemingway, algunos de Bukowski y todo el canon holmesiano. ¡No, espera! “Frío y eléctrico”, de Elliott Murphy. Recuerdo que esa novela me divirtió tanto que la leí un par de veces.

Una serie de televisión.
No, dos. De aquí, “Juncal”. De allí, “Los Soprano”.

Si estuviera en tus manos elegir la música que suena en los supermercados, ¿qué discos seleccionarías?
Pincharía una y otra vez ‘Canción consumo’, alternando las versiones de Aute y de Rosa León, por variar un poco. Y los fines de semana, para practicar otras lenguas, ‘Societat de consum’, de Raimon.

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‘La fiesta de Orfeo’ varios

En la sección Recortes de prensa del blog promocional de ‘La fiesta de Orfeo’ podrás encontrar numerosas reseñas, críticas y entrevistas realizadas en prensa escrita, radio y televisión tras la publicación de la novela.

La ‘Andalucía Connection’ asalta Gijón (Ideal de Granada, 19/07/10)

‘La fiesta de Orfeo’ en La Balacera (19/01/10)

Vamos, en este arranque de 2010, muy en plan British total, tras el estreno de “Sherlock Holmes” ahora reseñamos una novela que, si bien temporalmente no tiene que ver con la época, a mí me recuerda a toda esa Inglaterra victoriana que tan atractiva me ha resultado siempre.

La fiesta de Orfeo cuenta una atractiva historia, repleta de meandros, disgregaciones y recovecos que terminan por encajar perfectamente y que comienza de una forma brutal, con el despiadado asesinato en masa de todos los habitantes de un pequeño pueblo.

A partir de ahí, por capítulos alternos, dos historias avanzan de forma paralela: por un lado, la investigación de los crímenes, a manos del inspector Andrew Carmichael y del detective Harry Logan. Por otro, tenemos a un famoso actor de la televisión que se apresta a interpretar un clásico del cine de terror: Peter Cushing y el doctor Frankenstein, respectivamente.

De las dos tramas, la que más me gusta es la que tiene que ver con el cine y con los deseos de los rectores de la Hammer Films de revolucionar el cine de terror, dándole una dimensión totalmente distinta a la que había tenido hasta entonces. Y, para ello, señalan a Cushing la conveniencia de que se meta a fondo en el papel, que investigue acerca del origen y el sentido del miedo.

Y Cushing, tan aplicado, lo hace. ¡Vaya si lo hace!

Porque, a todo esto, durante la trama de la novela se cuela una película. Un clásico del cine de terror, de la época muda, titulado “La fète de Monsieur Orphée” que se creía perdido. Y hasta ahí podemos contar para no desvelar aspectos esenciales de una trama rica, bien tejida y muy atractiva.

A todo esto, lo mismo se piensan ustedes que el autor de esta novela es algún inglés estrambótico o un americano investigador del mundo del cine. Pero no. El autor es Javier Márquez Sánchez, periodista y escritor sevillano, nacido en 1978 y con una amplia carrera a sus espaldas, sobre todo, dedicado al mundo de los reportajes y al periodismo musical.

Y es que la editorial cordobesa Almuzara tiene buen ojo a la hora de elegir a autores nuevos, con cosas distintas por contar. Que para publicar lo de siempre y a los de siempre, ya están las editoriales de siempre, bien caracterizadas por su nulo sentido del riesgo.

Una lectura de lo más ameno que reconcilia con el mejor género de aventuras.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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‘La fiesta de Orfeo’ en SciFiWold (10/01/10)

(Pulsa en la imagen para ampliar)

‘La fiesta de Orfeo’ en Revista Prótesis (8/12/09)

Es bien sabido que la mejor manera de evitar que un dentista suelte al sádico que alberga y triture los molares ajenos hasta el tuétano, consiste en hacer un trato con el: agarrándole los cojones nada más desenfunde el torno y, mirándole con firmeza los ojos preguntas , “¿verdad que no vamos a hacernos daño?”.

En cierto sentido, ese pacto existe entre el escritor de pastiches y los lectores , especialmente en el caso de Sherlock Holmes, el personaje en quien este subgénero de novela popular es toda una tradición. De acuerdo con ese trato, el escritor se da el gustazo de recrear al inmortal detective( para un escritor de género hacer un Holmes debe ser algo así como para un actor interpretar un Hamlet : llegar a la cumbre de la profesión) a cambio de respetarlo, con credibilidad, verosimilitud y coherencia y darle a los lectores una renovada dosis del placer que experimentaron con sus primeras aventuras de tan adictivo (en todos los sentidos de la palabra) personaje. Estos, a cambio de no ser defraudados, le premiaran con su fidelidad, aplauso y ventas. De acuerdo con lo anterior, el pastiche no es un subgénero de novela popular que se despache con una trama apañada más o menos enterrada entre complacientes y aparentes guiños al lector sherlockiano, que suele ser difícil de conformar y está con la escopeta cargada al considerarse guardián de las esencias conandoylianas y no está dispuesto a que le toquen los watsons. Tengo para mí que Javier Márquez Sánchez era consciente de todo lo anterior y que por eso ha escrito La Fiesta de Orfeo con solidez y seguridad, sabiendo lo que hacía. El autor convierte en un protagonista más del libro al Londres de los años 50, recién ahuyentada la II Guerra Mundial, sin tiempo aún para llegar al esplendor superficial de los años 1960, ni a borrar el rastro del pasado victoriano. Una ciudad tan atractiva como tenebrosa.

Desde ese privilegiado escenario, Márquez Sánchez no pierde tiempo en disparar tres capítulos iniciales ( el pavoroso asesinato de toda la población de una aldea a manos de niños; una bienhumorada exhibición de deducción holmesiana narrada con gusto y gana y una secuencia de la intimidad doméstica y profesional de una actor de la BBC a punto de dar el “salto a la fama”: un tal Peter Cushing) que dejan al lector más esquinado en suerte, entregado y dispuesto a disfrutar.

Pues a disfrutar es a lo que se dedicó el autor al escribir La Fiesta de Orfeo y en lo que se empleará el lector durante las casi 400 páginas de la novela, recorriendo Londres siguiendo las dos tramas paralelas de investigación; una “onírica” en la que el investigador es Cushing que recorrerá los ambientes cinematográficos asistiendo al nacimiento de la Hammer Films y se sumergirá en los cultos demoníacos y, por otro lado, una trama “racional”, guiada por Carmichael y Logan, trasuntos conscientes y asumidos, de Holmes y Watson.

Ambos argumentos que se narran con convencimiento y eficacia y se sazonan, con felices guiños al lector y afortunada e inadvertida erudición, confluyen en el último tercio del libro en el que la cuidada trama derrapa (en el mejor sentido de la palabra) y el deleite se convierte en festín cuando la acción se apodera de la novela y se convierte en un “pasapáginas” frenético, a mayor disfrute del rendido lector.

Si todo pastiche holmesiano implica un pacto entre autor y lectores, con La Fiesta de Orfeo , Javier Márquez Sánchez ha cumplido, con creces, su parte del trato. Los lectores no tardarán en hacerlo. No cabe la menor duda.

Luis de Luis

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Entrevista en la web Conocer al Autor (25/11/09)

‘La fiesta de Orfeo’ en el blog de Ricardo Bosque (17/11/09)

300 muertos en un mismo pueblo y en una misma noche (y no se trata de ningún bombardeo preventivo, selectivo ni nada similar).

Una película que produce terribles efectos secundarios en todos aquellos que la ven (y no es Titanic ni Los puentes de Madison).

Dos elegantes y flemáticos investigadores encargados del caso que no pierden la compostura ni en las peores situaciones imaginables (y, elemental, no son Holmes ni Watson).

Un profesor universitario dedicado, en sus ratos libres, a la búsqueda de cachivaches arqueológicos diversos (y no, no es el tipo del látigo en el que todos estamos pensando).

Una pequeña compañía cinematográfica inglesa que se ha propuesto revolucionar el género de terror (por primera vez, sí: es la Hammer, claro).

Y Peter Cushing haciendo de Peter Cushing y aprendiendo a pasar miedo para poder transmitirlo después en su primera colaboración con la citada compañía, ‘La maldición de Frankenstein’.

En definitiva, 380 páginas llenas de acción, diversión y continuos guiños literarios y/o cinematográficos -algunos evidentes, otros más ocultos-, con las que he pasado un estupendo fin de semana (recomiendo leerla con un paquete de palomitas al lado por aquello de crear ambiente) y cuya lectura ya ha provocado los primeros daños colaterales: la necesidad inaplazable de volver a ver algunas de esas películas que tanto me asustaron de crío, empezando por la citada maldición y el Drácula de Terence Fisher (que también tiene un papel en la novela, por cierto).

Si Edgar Wallace levantara o levantase la cabeza, estaría encantado de leer esta novela.

Ricardo Bosque

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‘La fiesta de Orfeo’ en el blog holmesiano 221B (13/11/09)

En España parece no estar muy bien valorada la literatura de género, los libros que sólo buscan el noble arte del esparcimiento, de divertir al lector sin más pretensiones. En los últimos años están surgiendo, sin embargo, una serie de autores que han echado el ojo sobre la literatura popular, que no se avergüenzan de tratar historias de terror, de ciencia ficción, aventuras o policíacas sin lecturas socio-políticas o cualquier otra exigencia culterana de por medio.

Javier Márquez Sánchez es una nueva voz aparecida en este ámbito, que esperamos prosiga por esta vereda y no se pierda, como otros con anterioridad, en objetivos más elevados pero menos entusiastas para el lector (y no pienso citar nombres). En esta su primera novela de ficción, La fiesta de Orfeo, Márquez realiza un extremadamente divertido pastiche temático, aunando satanismo, la novela detectivesca y la recreación cinéfila, en un ejercicio no tan fácil como pudiera parecer en un inicio.

El libro, desde luego, no es una joya literaria, ni pretende serlo. No por ello es un trabajo flojo en ese sentido; hace gala de una redacción sencilla, directa, que va al meollo sin retóricas superfluas. En ese aspecto, lo más digno de resaltar es la habilidad para la confección de diálogos, dotados de frescura y agilidad, pero sin la llaneza vergonzante de muchos autores de best-seller internacionales. Aunque, en todo caso, lo más destacado es el estupendo diseño de personajes que alcanza, aún basándose de manera intencionada en arquetipos. En un reparto coral, diríase, sobresale una figura por encima de todas, Peter Cushing. El mítico actor de tantas producciones de terror, rostro indisociable de tres personajes como son el barón Frankenstein, Sherlock Holmes y Abraham Van Helsing, desfila por estas páginas perfectamente retratado por Márquez, a tal punto que es identificable con lo que de él sabemos por lo leído y por lo que le hemos visto en las películas; cabe referir que Márquez le hace “interpretar” uno de sus papeles más sinceros, emocionados y exaltados, y los “tics” que le hemos visto en tantas cintas los reproduce en esta ficción con la misma credibilidad que en la pantalla. Junta a él, un dúo maravilloso, el inspector Andrew Carmichael y su joven colega, el detective Harry Logan; es innegable la influencia que en ellos ejerce el tándem formado por Sherlock Holmes y el doctor Watson, tanto por sus métodos deductivos como por el compañerismo que entre ellos se establece, si bien veo mayor similitud, tanto por las temáticas en que se ven envueltos como en su interacción, con el detective de lo sobrenatural Harry Dickson y su joven pupilo Tom Wills, no en vano surgidos a raíz de una imitación germana del genio de Baker Street, y siendo conocido Dickson como “el Sherlock Holmes norteamericano”.

Otros muchos personajes confluyen en la trama, personajes igualmente entrañables y muy bien definidos, de los cuales sin embargo sólo resaltaré a dos: el profesor Arthur Aberline (cuyo nombre remite a otro investigador, el que hizo frente al temible Jack el Destripador), y que podría definirse como una especie de mezcla entre el profesor Challenger, otra creación de Conan Doyle, y el Nero Wolfe de Rex Stout, y Lord Sherringford Meinster (otro nombre de resonancias sherlockianas), satanista y millonario.

La trama ofrece un escollo importante como es un arranque apabullante, con el cual es difícil proseguir en un tono similar el resto de la narración. Así pues, tras el clímax inicial, todo comienza de nuevo de un modo calmo pero sin descanso, desvelando de forma paulatina la trama en la cual está implicada una película impía denominada La fête du Monsieur Orphée, innegable guiño a otra cinta inexistente (¿o no?) como es La fin absolute du monde, en el telefilm Cigarette Burns de la serie Masters of Horror de John Carpenter. Precisamente a Carpenter hay otro guiño, pasados como dos tercios de la novela, ante un ataque perpetrado contra las oficinas de Scotland Yard.

La novela está cargada (que no sobrecargada) de guiños cinéfilos por parte de un entusiasta que logra contagiar ese arrebato al lector, que ha de proseguir la lectura de forma constante, sin interrupción, para descubrir la consecución de todo; mas no sólo eso, es decir, siendo el destino importante, el propio viaje en sí resulta fascinante, ofreciendo al viajero una ruta hipnótica, que mantiene el interés en todo momento, con la interrelación entre los distintos personajes y las situaciones que se van desarrollando.

Terminamos con el deseo de que Javier Márquez nos aporte más aventuras, esta vez como protagonistas absolutos, del inspector Carmichael y su amigo Harry Logan, investigando casos sobrenaturales de muy diferente cariz. El literatura española de género lo necesita.

Carlos Díaz Maroto

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‘La fiesta de Orfeo’ en Más que Palabras (1/11/09)

En su primera obra de ficción, el periodista y escritor Javier Márquez nos sumerge en una novela de intriga ambientada en la Inglaterra de los años cincuenta, con una buena dosis de trama detectivesca y un aire de terror victoriano que mezclan homogéneamente para servirnos una trama original y entretenida.

La historia comienza con fuerza. En el pequeño pueblo de Longtown aparecen muertos todos sus habitantes, víctimas de lo que aparentemente parecen sangrientos rituales. La investigación de tan extraños sucesos es puesta en manos del inspector Andrew Carmichael y su compañero en Scotland Yard, el detective Harry Logan, que se desplazan al lugar de los hechos para comenzar las pesquisas.

Al mismo tiempo nos adentramos en la vida del actor Peter Cushing, conocido en esos años por sus apariciones televisivas en la BBC británica. Gracias a su agente es contratado por una modesta compañía cinematográfica, Hammer Films, que se plantea dar un giro radical al planteamiento del cine de terror del momento, para potenciarlo y crear una nueva época dorada del género. Para ello le proponen a Cushing investigar sobre las verdaderas causas del miedo humano, del terror más absoluto, visitando a diversos especialistas que le ayuden a preparar una versión diferente de su nuevo papel, el conocido doctor Frankenstein.

Es a partir de ese momento cuando las dos tramas principales convergen, ya que todos los personajes principales coinciden, tras sus investigaciones, en la búsqueda de un misterioso rollo de película de la época del cine mudo: “La fête du Monsieur Orphée”, un maligno objeto que según la leyenda va dejando tras de sí un reguero de muerte y destrucción.

Los acontecimientos se desbordan y los protagonistas, ayudados por el inefable profesor Arthur Aberline, se enfrentarán sin saberlo a fuerzas desconocidas que superan la razón humana. La partida entre el Bien y el Mal está servida, las cartas marcadas y el escenario final preparado para transportarnos sin descanso hacia un desenlace vertiginoso.

La obra está narrada con un excelente ritmo, casi cinematográfico, donde no nos cuesta nada imaginarnos a los personajes principales surcando las calles de Londres. La ambientación es fantástica y nos vemos arrastrados sin remedio a esos lejanos años cincuenta, en una Inglaterra que se nos hace casi cercana. La puesta en escena, casi de película, nos adentra sin darnos cuenta en el devenir de la historia. El lector se ve atrapado sin piedad y puede verse a sí mismo corriendo junto a los protagonistas hasta alcanzar su meta.

Mención especial se merece el personaje de Peter Cushing. Partiendo de la vida real del actor británico, el autor ha creado un notabilísimo protagonista de novela. Nos adentramos en su vida privada, junto a su querida esposa Helen. Compartimos sus miedos, sus inquietudes y la disyuntiva que se le plantea: dejar de actuar sólo en televisión para convertirse en un referente mundial en el cine de terror. El espectacular despegue de Hammer Films se nos cuenta desde dentro, de cómo el productor Michael Carreras y el director Terence Fisher convencen a Cushing para poner patas arriba el género de terror y crear una saga cinematográfica sin parangón hasta esa fecha.

Como contrapunto nos encontramos con el inspector Carmichael y su compañero Logan, una relación policial con reminiscencias a lo Conan Doyle, que deberán usar todas sus dotes de observación y deducción para poder resolver el caso. Estos personajes irán tomando cuerpo al avanzar la trama, y junto al profesor Aberline se verán envueltos en una investigación que les hará poner en duda muchas de sus creencias.

Una novela original, fresca e intrigante: asesinatos rituales, persecuciones de película, sectas milenarias y una lucha entre poderes ancestrales que obligará a los protagonistas a poner toda la carne en el asador para salir bien parados de tamaña aventura. Una trama perfectamente planeada por Javier Márquez, con continuos guiños cinematográficos, y con un perfecto final a lo John Carpenter que demuestra los gustos cinéfilos del autor. Personajes perfectamente perfilados, diálogos atrayentes y descripciones que nos ayudan a comprender mejor el desarrollo de la historia son otros de los valores de esta novela.

En definitiva una obra muy recomendable, donde el autor ha sabido conjugar a la perfección las dosis oportunas de aventuras, misterio, terror y trama detectivesca para atrapar al lector desde el primer instante, sin darle tiempo a reaccionar antes de verse inmerso en un viaje que difícilmente olvidará.

Armando Rodera

Publicación original

‘Rat Pack’ en es.MADRID (vídeo) (3/06/08)

Entrevista al periodista y escritor Javier Márquez autor del libro Rat Pack. Viviendo a su manera

Javier Márquez presenta su libro Rat Pack. Viviendo a su manera, publicado por la Editorial Almuzara. Este libro combina el periodismo con la literatura y cuenta tanto la historia como todo tipo de anécdotas de Dean Martin, Sammy Davis Jr. y Frank Sinatra. Javier Márquez considera la influencia de estos artistas y del clima de los años 60 en Estados Unidos como un momento clave para la historia de la cultura actual. El lector vivirá junto a los personajes sus mejores momentos pero también conocerá sus épocas más duras. Aunque el autor vive en Sevilla tiene en mente el proyecto de escribir un libro sobre Madrid.

Puedes ver el vídeo aquí.

‘Elvis’ en Efe Eme (16/08/07)

30 años sin Elvis

Hace 30 años fallecía Elvis Presley, el mito, la leyenda, el juguete roto… El Rey del Rock. Como todos los medios generalistas incidirán hoy en su recuerdo, nosotros, simplemente, queremos recomendar la lectura de un libro sobre él recién editado: Elvis. Corazón solitario, escrito con rigor por nuestro colaborador Javier Márquez.

Juan Puchades

Elvis, la fiera rockera desbocada de sus primeras grabaciones en Sun Records y RCA. El Elvis artísticamente domesticado tras su paso por el ejército. El Elvis protagonista de decenas de películas infames, subproductos para fans sin rigor. El Elvis confuso de la década de los 60 que logra levantarse con orgullo con una de las mejores obras de su carrera y un disco imprescindible en cualquier discoteca (From Elvis in Memphis). El Elvis dominado por las drogas legales (las que se expenden con receta). El Elvis de los conciertos continuos (y confusos) de los años 70. El Elvis abandonado a su suerte (y a sus quilos y a sus fantasmas personales) a mitad de esa misma década. El Elvis consciente de su decadencia artística y personal. El Elvis de las muchas grabaciones pero de los pocos discos verdaderamente sustanciales. El Elvis de los trajes imposibles. El Elvis siempre manejado y dominado por ese villano llamado Coronel Parker… Elvis, el muñeco roto que murió consumido por su propia leyenda con sólo 42 años.

Ciertamente, la historia de Elvis no es muy edificante pese a ser la gran leyenda del rock. El icono por antonomasia. Pero así fueron las cosas en la trayectoria vital y personal de alguien que tocó el cielo con sus manos. Una historia sabida y mil veces contada. Sin embargo, merece la pena recomendar la lectura de Elvis. Corazón solitario (Almuzara Editorial), el libro que estos días ha publicado nuestro compañero Javier Márquez y que coincide con el 30 aniversario de la muerte del Rey. Javier ha logrado dotar al relato de la suficiente fuerza narrativa centrándose en los hechos esenciales, recopilando aquellos datos que mayor verosimilitud ofrecían de las muchas fuentes consultadas. Así el lector asiste a la ascensión y caída de quien fue uno de los mayores revolucionarios musicales del siglo pasado y una de sus mejores voces en una narración que engancha de principio a fin. Que nos permite vislumbrar las sombras de la leyenda, pero que deja que afloren los espacios luminosos de un Elvis que siempre trató de dar lo mejor de sí mismo como intérprete, que hasta el fin de sus días contaba con una formidable banda de directo junto a la que se entregaba cada noche, un tipo que varias veces trató de poner orden en su carrera, que no quería perder el tren del tiempo pero que se veía superado por las circunstancias que lo rodeaban, por ese mundo ficticio en el que vivió hasta el último aliento.

No hay duda que Javier Márquez ha sabido presentarnos en Elvis. Corazón solitario a un Elvis Presley fidedigno al que probablemente fue. Ese cuyo recuerdo, a quienes crecimos con sus canciones e intentamos sacar petróleo de sus peores discos (las rutinarias bandas sonoras, por ejemplo), nos deja un sabor amargo. Pero así fue la historia. En otras manos (y no en las grasientas del Coronel Parker), el final, en caso de que hubiera llegado, quizás habría sido distinto. No sabemos si mejor, pero seguro que sí distinto pues, recordémoslo una vez más, Elvis aquel 16 de agosto de 1977 sólo tenía 42 años. La edad en la que podía haber afrontado la necesaria madurez artística.

‘Elvis’ en Diario ADN (15/08/07)

Un Elvis más desconocido

Javier Márquez, autor de Elvis corazón solitario, elige para ADN.es sus cinco anécdotas favoritas más desconocidas de Mr. Wiggle and Shake (el señor Meneo y Sacudida), también llamado Elvis Aaron Presley

Elena Cabrera

La editorial Almuzara acaba de editar una biografía, Elvis. corazón solitario, escrita por un joven escritor y periodista especializado en música, Javier Márquez Sánchez (Sevilla, 1978). Actual subdirector de la revista Cambio16, ha dedicado gan parte de su tiempo a recopilar la historia secreta, y también la conocida, de El Rey. Y además, también ha podido dedicar unos momentos a recordar su anecdotario preferido.

1. La princesa Grace, también horrorizada

“Cuando Elvis alcanza la fama en marzo de 1956 se convierte en la gran figura musical de EE UU pero la clase media y los padres de los fans no le aguantan porque consideran que esas formas de cantar y moverse, tan insinuantes, eran vergonzosas y aberrantes. Hubo quemas de discos y las emisoras le censuraban. Hay un reflejo interesante de ese desagrado cuando Grace Kelly, ya princesa de Mónca, fue de viaje a EE UU, embarazada de su primer hijo. Un periodista le preguntó si ya había decidido el nombre y ella contestó que ‘lo único que hemos decidido es el nombre que no le pondremos, nunca le llameramos Elvis’”.

2. Las afortunadas fans tras la verja de Graceland

“Principios de los años 60. Y hablando de mujeres… Elvis en esos primeros años es un mito erótico, a las chicas les encantaba la música pero sobre todo estaban enamoradas de esa forma de moverse. Cuando Elvis se compró Graceland, su casa, había cientos de chicas esperando en la puerta y algunas noches él daba indicaciones a sus colaboradores para que alguna entrase. Alguna noche la voracidad del cantante era tal que, recuerda uno de sus amigos o colaboradores, Elvis abría la verja para que entrasen todas las que hubiera. Este colaborador dijo que empezó a contar y cuando iba por 150 chicas ya se paró”.

3. Eric Clapton, ven que te de una oportunidad

“Un salto en el tiempo. En torno al año 75, Elvis vivía encerrado en su mundo. Sólo salía de su mansión para cantar en Las Vegas y hacer giras por el país. Estaba desconectado del mundo que le rodeaba, a todos los niveles y también en el musical. Le gustaba ir al cine y normalmente alquilaba uno de Memphis para pases privados e invitaba un grupo grande de amigos. Un día uno de su samigos llevó a Eric Clapton, que estaba en un gran momento de popularidad, y se lo presentó. Elvis le preguntó nombre y, sin reconocerle, quiso saber a qué se dedicaba. Cuando Clapton contestó que era guitarrista, El Rey le invitó ‘cuando quieras te viens con nosotros, que nuestro guitarrista es muy bueno y te puede dar algunas lecciones’. El amigo común le pidió a Clapton que disculpara a Elvis pero aquel contestó que porque para él, en verdad, era un honor”.

4. El peluquero gurú

“Se habla mucho del lado espiritual de Elvis, la meditación y los libros religiosos que leía. Pero lo curioso es ver cómo nace ese interés. En 1964 Elvis quiere un corte de pelo pero su peluquero habitual ha dejado de trabajar para él, aunque le recomienda a Larry Geller, un joven que puede ser un buen estilista para él. Geller va a casa de Elvis, le peina y, tras una sesión de 40 minutos, Larry hace un comentario que deja entrever sus conocimientos sobre temas trascendentales. Elvis se ve fascinado, hablan sobre el sentido de la vida, se hecha a llorar y dice que ha estado durante años buscando a alguien que le hablara de estas cosas. Llega El Coronel, que era el manager del cantante, para buscarlo y sus amigos le dicen que se está cortando el pelo pero que lleva ya dos horas. Y a partir de ahí, las sesiones de peluquería de Elvis duraban dos horas mínimo”.

5. El mensaje de Dios… o de Stalin

“A mediados de los 60, Elvis y sus amigos iban en coche cruzando el desierto. Se paran a descansar y Elvis empieza a gritar, a llamar a todo el mundo y a decirles que está viendo en una nube el rostro de Stalin. La gente se extraña mucho y se dispersan. Entonces Elvis vuelve a gritar diciéndoles que no era el rostro de Stalin sino el de Dios el que acababa de ver. Habla con el peluquero y al final concluye que esa aparición de Jesús en una nube le indicaba que su función, su fin en la Tierra, era dedicar su voz cantar, a hacer feliz a los otros gracias a su voz. Él se sentía confuso porque ganaba dinero, hacía películas, pero no acababa de entender porqué Dios le había dado esa voz… hasta que vio esa nube”.

‘Elvis’ en la Agencia Efe (15/08/07)

El biógrafo de Elvis dice que su vida sólo tenía sentido si cantaba para los demás
Alfredo Valenzuela

El periodista sevillano Javier Márquez, autor de la recién publicada biografía de Elvis Presley “Elvis. Corazón solitario” (Almuzara), dijo a EFE, un día antes de que se cumpla el treinta aniversario de su muerte, mañana, que para el músico “la vida sólo tenía sentido cantando para los demás”.

Con esa afirmación descarta Márquez la leyenda de que Elvis hubiera seguido vivo tras la noticia de su muerte: “Su muerte supuso un ’shock’, y a muchos le costó aceptarla; en Estados Unidos han visto a Elvis en todas partes desde 1977, pero si Elvis viviese hoy, lo sabríamos, porque no podría permanecer en el anonimato; Elvis no hubiera podido vivir treinta años sin cantar para los demás”.

“Elvis fue muy importante para varias generaciones de estadounidenses, que se identificaban plenamente con él; lo consideran un patrimonio nacional”, añadió el periodista sevillano, quien confesó que se enfrentó a esta biografía cuando comprobó que en español no había ninguna disponible que fuese rigurosa.

Márquez recordó las palabras de John Lennon, que aseguró que “antes de Elvis no había nada”, porque “antes que él triunfaron Little Richard y otros rockeros, pero ninguno tuvo su popularidad ni desde luego su repercusión”, además de que “el gran logro de Elvis fue combinar el rhythm&blues negro y el country blanco.

“De este modo, los jóvenes blancos, acostumbrados a sonidos más suaves, descubrieron una música torrencial, contagiosa, que animaba a un baile muy sensual, cargado de erotismo; eso le valió a Elvis la condena de los padres de América, y con ello, se convirtió en el primer artista en hacer de la música popular, del rock’n'roll, ese vehículo de rebeldía, de oposición a lo establecido”, añadió.

Márquez aseguró que Elvis “fue mucho más que ‘el rey del rock’”, porque fue también “un vocalista impecable que se movía con brillantez”.

“Creo que su mejor etapa musical no fueron los 50, sino la que va desde su especial del regreso en 1968 hasta el concierto vía satélite en Hawai, en 1973, en esos años la voz de Elvis tiene un vigor increíble, realiza estupendos trabajos en terrenos de soul, gospel e incluso country y sobre todo añade más personalidad a sus canciones”, señaló Márquez.

Su nuevo biógrafo recordó que “a partir del 68 empieza a cantar canciones con mensajes sociales, como ‘If I can dream’ o ‘In the ghetto’, y además se convierte en uno de los primeros artistas en dedicar canciones a uno de los nuevos problemas de la sociedad estadounidense, como el divorcio”.

Ese cambio se debió a vicisitudes de su propia generación, explicó Márquez, ya que “los mismos adolescentes que bailaban y se rebelaban contra sus padres en los 50 al ritmo de Elvis sufrieron después el drama de la ruptura familiar, y Elvis, que lo sufrió personalmente, abordó el tema en numerosas canciones.”

El problema del cantante con las drogas, constató Márquez, se inició en su servicio militar, cuando un superior le proporcionó pastillas para que aguantara mejor el sueño durante las guardias, y “a partir de entonces, el cantante va iniciar un consumo cada vez más importante, primero a causa de su persistente insomnio, y luego por su crisis espiritual”.

No obstante, Elvis “nunca se consideró un drogadicto, es más, no permitía que los que le rodeaban ni siquiera fumasen marihuana.”

‘Elvis’ en Informativos Telecinco (12/08/07)

‘Elvis’ en ABC (20/07/07)

Javier Márquez saca a la luz en un libro todas las facetas de Elvis Presley

Luis Miranda

«Existen demasiados Elvis como para que resulte fácil contar la vida de ese muchacho del Sur, tímido y sencillo, que cumplió su sueño de salir de la pobreza cantándole a Dios y llevando con él a su familia, sus amigos y a cuantos pudo ayudar en el camino». El resumen que hace la editorial cordobesa Almuzara de uno de sus lanzamientos para el próximo mes de agosto resume la intención del libro con el que se celebra el 30 aniversario de la muerte del «Rey del Rock».

El periodista y escritor sevillano Javier Márquez es el autor de esta obra, que se titula «Elvis. Corazón solitario». En el libro se pretende retratar todas las facetas de un cantante que marcó un antes y un después. No en vano en la solapa se recuerda la famosa frase de John Lennon: «Antes que Elvis no hubo nada».

Desde la persona a la que conocieron sus amigos hasta la superestrella hay muchas versiones del cantante y el autor pretende hacer un acopio de todas las versiones para que el lector conozca su trayectoria musical, la historia de su vida y la forma en que se relacionó con los suyos, especialmente con las mujeres que caían rendidas a sus pies.

‘Rat Pack’ en el Telediario de TVE (20/11/06)

‘Rat Pack’ en el ‘La noche de Fernandisco’ (Popular TV) (17/11/06)

‘Rat Pack’ en Informativos Telecinco (11/11/06)

‘Rat Pack’ en El País (9/11/06)

Frankie, rey de Las Vegas

Un libro y una caja de discos en directo evocan la turbulenta relación de Frank Sinatra con la ciudad del pecado

DIEGO A. MANRIQUE - Madrid - 09/11/2006

Es un binomio que simboliza una época de hedonismo: Frank Sinatra y Las Vegas. Una ciudad sobre la que Sinatra imperaba espiritualmente, como refleja el libro Rat pack: viviendo a su manera (Editorial Almuzara), que firma el periodista Javier Márquez Sánchez.

Es un binomio que simboliza una época de hedonismo: Frank Sinatra y Las Vegas. Una ciudad sobre la que Sinatra imperaba espiritualmente, como refleja el libro Rat pack: viviendo a su manera (Editorial Almuzara), que firma el periodista Javier Márquez Sánchez. Su edición coincide con la salida de Frank Sinatra…Vegas (Reprise/Warner), una caja con cuatro CDs y un DVD, un total de cinco conciertos inéditos realizados allí entre 1961 y 1987.

En 1965, al reportero Gay Talese le llegó la gran oportunidad. Ayudado por su buena reputación (y su origen italiano), consiguió lo imposible: acceso ilimitado a Frank Sinatra y su familia. La síntesis de aquellas semanas de convivencia y viajes se publicó al año siguiente en Esquire, bajo el título de Frank Sinatra tiene un resfriado.

Puede que, para entonces, Frank ya hubiera dejado atrás la cima de su poder. En su libro sobre el rat pack, Javier Márquez lo sitúa a principios de los años sesenta, cuando disfrutaba de acceso a la Casa Blanca y a la mafia, mundos que enlazaba al ejercer de celestino tanto de John F. Kennedy como del peligroso Sam Giancana (incluso con la misma mujer, Judith Campbell). Una posición difícil de mantener, ya que los Kennedy eran conscientes del desgaste político que suponía asociarse íntimamente al gran libertino. Y Sinatra exhibía lealtad ilimitada al tal Giancana, aunque éste fuera un patán. Lo demostró una noche en México, al agredir a dos miembros destacados de la “pandilla de ratas”, Shirley MacLaine y Sammy Davis Jr., por la “ofensa” de no querer comer pasta cuando a él le apetecía.

Para el rat pack, Las Vegas era su patio del recreo. Sinatra tomó literalmente la ciudad en 1961, al combinar el rodaje de Ocean’s eleven (aquí, La cuadrilla de los once) con una serie de apariciones de la plana mayor de la pandilla -Sinatra prefería denominarlo The Summit, La Cumbre- en el hotel Sands. En realidad, los compromisos profesionales quedaron en segundo plano ante el objetivo principal: divertirse a fondo y ejercer de anfitriones para la nube de famosos y poderosos que volaron hasta Nevada.

Los espectáculos de The Summit no eran estrictamente musicales: en esencia, se trataba de una comedia donde Sinatra y compañía exageraban su imagen pública; el humor tendía hacia lo cruel y nadie se libraba. Cuando Frank se presentaba en solitario, se mantenían algunos chistes lamentables pero la música mandaba. Lo evidencian los cinco conciertos íntegros recogidos en Frank Sinatra…Vegas, donde el vocalista suele mencionar a los compositores de su repertorio y manifiesta un (comprensible) entusiasmo cuando le respalda, por ejemplo, esa rotunda máquina de swing que era la orquesta de Count Basie, dirigida por Quincy Jones. Un inciso: Frank fue decisivo a la hora de eliminar las barreras raciales en los hoteles-casinos, que contrataban a artistas negros pero no dejaban que se alojaran allí.

Pero la simbiosis entre Sinatra y Las Vegas se malogró: las autoridades del juego en Nevada no apreciaban su amistad con Giancana y otros gánsteres. El cantante terminaría alejándose, con mucho estruendo, aunque Frank Sinatra…Vegas recuerda que, menos altanero, volvió para actuar allí en los ochenta.Javier Márquez articula su texto alrededor de la Together again tour, de 1988, cuando Sinatra pretendió revivir los años de gloria resucitando The Summit para grandes recintos, sin ocultar que se trataba de hacer caja con vista a las jubilaciones. El capo no supo entender la magnitud del distanciamiento de Dean Martin, demasiado golpeado por la muerte de su hijo piloto y nunca excesivamente motivado como artista. Al poco de comenzar, un apático Dino abandonaba la gira, que se vio obligada a reclutar urgentemente a Liza Minnelli y rebautizarse The ultimate event. Fue el final metafórico de una era masculina: en los 10 años siguientes, el rat pack se iría extinguiendo físicamente.

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‘Simon & Garfunkel’ en El País (08/12/04)

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