‘El mapa de Carlos’ en Diario de Sevilla (27/01/11)

El mapa de Carlos, desde Granada hasta Nueva York

Un documental repasa las ciudades más destacadas en la biografía de Carlos Cano, una geografía sentimental que también pasa por Sevilla, Cádiz y La Habana

Braulio Ortiz / Sevilla

El productor y coguionista de este filme, José Manuel Rodríguez Calvo, cuenta que fue el escritor y crítico musical Javier Márquez quien le empezó a hablar del otro Carlos Cano, ése que va más allá de “las canciones con las que se le asocia, como María la portuguesa“. La historia de un hombre que se encontró por casualidad una bandera de Andalucía, prohibida entonces por el régimen de Franco, y que gracias a ese hallazgo acabó regalando a su tierra el himno “no oficial” de los andaluces, Verde, blanca y verde; también la peripecia de un músico que reivindicó la copla cuando el género despertaba recelos entre sus compañeros de generación, o la sensibilidad de un compositor que se preocupaba por los desfavorecidos y la realidad social, y que habló en sus temas de xenofobia o inmigración.

El documental El mapa de Carlos, dirigido por Pablo Coca, muestra una cara “diferente” de Carlos Cano, a través de un repaso a las ciudades que conformaron la cartografía sentimental del cantautor granadino. La película, que se ha presentado esta semana en Sevilla y tiene pendientes pases en Cádiz y Granada antes de su emisión en Canal Sur, se acerca a la figura del intérprete a través de una serie de testimonios, entre los que destaca una de las últimas entrevistas realizadas al desaparecido Enrique Morente.

En el mapa que recorre la cinta -producida por Azhar Media y Enciende TV en coproducción con Canal Sur- están marcadas las cinco ciudades principales en la vida de Cano: Granada, Sevilla, Cádiz, Nueva York y La Habana. Granada, recuerda Rodríguez Calvo, fue la ciudad natal del cantautor, un lugar del que decía que “sólo tenía salida por las estrellas” y hacia el que sentía “una relación de amor-odio”; de joven “necesitó salir de aquel ambiente”, aunque más tarde comprendiera que “tenía que volver”. Sevilla, como apuntaba Diego de los Santos, fue “el gran reto” de su carrera, una capital “que se le resistía y que necesitaba conquistar”, opina el productor. Cano lograría superar ese desafío con un recordado concierto en el Teatro de la Maestranza. Cádiz, entretanto, le aportaba “la salida al mar” y allí siempre “se sentía muy vivo”. Y el carnaval le enseñó una lección, que “se pueden cantar amarguras con una sonrisa”, apunta Rodríguez Calvo, que prosigue el recorrido añadiendo que “gracias a Carlos Cano se sabe que La Habana es Cádiz con más negritos”, para el intérprete “su segunda Andalucía”, un destino “al que acudía mucho y en el que acometió proyectos preciosos, como dotar de infraestructuras las escuelas y grabar Así cantan los niños en Cuba, un disco que le dio muchas satisfacciones”. Y en Nueva York, Cano “volvió a nacer” y tuvo “una nueva oportunidad en la vida”. Valentín Fuster, el cardiólogo que le operó, decía de él, por la sintonía que tuvo con la Gran Manzana, que era “muy buen neoyorquino”.